jueves, 12 de diciembre de 2013

80 años

A los 40 años Albert Camus prepara un viaje a Argel, su tierra natal. La madre de Camus le pide que visite la tumba de su padre. No sólo eso, hace que le prometa que lo hará; Camus visitará la tumba del padre -a pesar de su total desgano por hacer tal cosa-. Una vez en el cementerio, Camus camina por entre los callejones y con un poco de ayuda, por fin, encuentra la tumba del padre, ése desconocido que murió en la Primera Guerra cuando Albert tenía menos de un año de vida. Lee el nombre grabado en piedra y ve justo debajo del nombre la inscripción (1885-1914). Una rápida operación aritmética mental deja a Camus con un escalofrío. "¡29 años; es mucho más joven que yo!". Es justo ahí cuando finalmente siente compasión por ese hombre y, de alguna manera, vive su duelo. Sale del cementerio con la convicción de investigar y aprender todo sobre ese hombre que le dio la vida y que ha muerto a una edad temprana en una guerra estúpida que no era su guerra.
Hace unos días mi padre cumplió 80 años. Tengo la convicción de que él nunca será más joven que yo. Sirva este breve texto a manera de homenaje. 

lunes, 5 de marzo de 2012

Franciscana

Francisca dejó la sierra madre oriental hace mucho tiempo, "casi cuarenta años". Salió a ganarse la vida. Ella dice que el lugar en donde nació no alcanza ni la categoría de pueblo, "es sólo una ranchería", un conjunto de pocas casas a donde se llega después de horas y horas de largo camino, las últimas de las cuales hay que recorrer a pie o, con suerte, en el lomo de una mula. Francisca es empleada doméstica, es analfabeta y es una hábil narradora de historias tristes.
La protagonista de las historias tristes no es ella. Lo son casi siempre sus patrones adinerados. En una de estas historias ella cuida de una anciana millonaria. La anciana octogenaria agoniza y no hace nada más que repetir con un rictus de desesperación en su rostro "¡mi dinero, mi dinero!". Francisca narra con destreza los detalles de esta triste agonía, me transmite con habilidad el dramatismo, la desesperación y sus propios esfuerzos por sacar a la anciana agonizante de su monomanía.
Mientras yo termino un café, ella concluye: "Qué triste morir así. Vivir más de ochenta años y no aprender absolutamente nada. Mi patrona nunca aprendió a vivir y lo peor es que tampoco aprendió a morir". Yo concluyo que siempre debo estar atento a las historias de Francisca. Es evidente que puedo encontrar grandes maestros en donde menos lo espero.

miércoles, 8 de febrero de 2012

El arte de la fuga

Soy un lector tardío y como tal llegué a destiempo a la obra de Pitol, como he llegado tarde a casi todos los grandes escritores. Al leer "El arte de la fuga", "El viaje" y la novela "Domar a la divina garza", me he topado con un sentimiento común, con una pregunta que me ha perseguido; ¿Cómo fue posible que este autor permaneciera oculto para mí todos estos años? Leerle ha sido también una experiencia de reencuentro con otros autores, lo cual es normal. Pitol ha sido un escritor de cuya obra han abrevado otros autores, así como él mismo se ha nutrido de tantos clásicos.
Mi paisano Pitol presenció a muy temprana edad, la muerte de su propia madre. Una tragedia, una muerte que marcó su vida. Sin ser consciente de ello, Pitol empezó a temprana edad la fuga con la que pretendía huir de ese dolor. La fuga de sí mismo. La fuga que lo llevó a varios países de Europa y Asia, sobreviviendo apenas con lo básico, pero que eventualmente lo convirtió en un estudioso y traductor de la literatura europea y, de paso, en un escritor indispensable en cualquier biblioteca. Una fuga dedicada al arte.

"Un novelista es alguien que oye voces a través de las voces. Se mete en la cama y de pronto esas voces le obligan a levantarse, a buscar una hoja de papel y escribir tres o cuatro líneas, o tan sólo un par de adjetivos o el nombre de una planta. Esas características; y unas cuantas más, hacen que su vida mantenga una notable semejanza con la de los dementes, lo que para nada lo angustia; agradece, por el contrario, a las Musas, el haberle transmitido esas voces sin las cuales se sentiría perdido. Con ellas va trazando el mapa de su vida. Sabe que cuando ya no pueda hacerlo le llegará la muerte... ".

sábado, 31 de diciembre de 2011

¡Absalón, Absalón!

Si hago referencia a un pueblo o condado imaginario, alejado de la civilización, en donde se desarrolla la vida de tres generaciones de una familia destinada a la destrucción y el fracaso, seguramente que viene a la mente "Cien años de soledad". Pero no estoy leyendo a Gabriel García Márquez, sino a un autor que el Gabo seguramente leyó y releyó años antes de escribir su obra monumental.
Me refiero a William Faulkner quien medio siglo antes que García Márquez escribió "El ruido y la furia", "Mientras agonizo" y "¡Absalón, Absalón!", las cuales constituyen el pilar, quizá junto con "Desciende, Moisés", de la obra de este gigante de la literatura.
Cierro este año y empiezo otro más leyendo "¡Absalón, Absalón!" de Faulkner, este asiduo lector de Shakespeare y quien, a su vez, ha inspirado con su obra a otros tantos autores que le han leído.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Crimen y castigo

Estoy seguro que Freud leyó y releyó a Dostoyevski. Sólo así pudo desarrollar a detalle su teoría del psicoanálisis; sólo así pudo entender lo que hay detrás del perfil de un psicópata.
Recordé a Amos Oz mientras leía Crimen y castigo. Oz comenta en una de sus obras que existen los buenos lectores y los malos lectores. Y que los malos lectores se la pasan buscando tintes autobiográficos en las obras de los escritores. ¿Era Dostoyevski un asesino de ancianas? ¡A quién carajo le importa! Los buenos lectores más bien se preguntarán ¿qué tan bien amarrado tengo a mi Raskolnikov interior en los sótanos de mi psique?

miércoles, 31 de agosto de 2011

El viaje vertical

Al igual que el viejo Mayol, personaje central de la novela de Enrique Vila-Matas "El viaje vertical", tengo una gran habilidad para hundirme. Al igual que Mayol la vida me ha puesto ante circunstancias inesperadas, con sabor a derrota. Al igual que este nacionalista catalán tendré que reinventarme mientras me hundo. Y probablemente Mayol no conoció a Eduardo Lizalde, pero yo le comparto este poema. El himno a mi descenso.

Que tanto y tanto amor se pudra, oh dioses;
que se pierda
tanto increíble amor.
Que nada quede, amigos,
de esos mares de amor,
de estas verduras pobres de las eras
que las vacas devoran
lamiendo el otro lado del césped,
lanzando a nuestros pastos
las manadas de hidras y langostas
de sus lenguas calientes.

Como si el verde pasto celestial,
el mismo océano, salado como arenque,
hirvieran.
Que tanto y tanto amor
y tanto vuelo entre unos cuerpos
al abordaje apenas de su lecho, se desplome.

Que una sola munición de estaño luminoso,
una bala pequeña,
un perdigón inocuo para un pato,
derrumbe al mismo tiempo todas las bandadas
y desgarre el cielo con sus plumas.

Que el oro mismo estalle sin motivo.
Que un amor capaz de convertir al sapo en rosa
se destroce.

Que tanto y tanto, una vez más, y tanto,
tanto imposible amor inexpresable,
nos vuelva tontos, monos sin sentido.

Que tanto amor queme sus naves
antes de llegar a tierra.

Es esto, dioses, poderosos amigos, perros,
niños, animales domésticos, señores,
lo que duele.

Eduardo Lizalde

martes, 26 de julio de 2011

El poeta Gonzalo Rojas

Me gusta la poesía de don Gonzalo Rojas. Estira la sintaxis hasta casi romperla. Es un artesano. Para muestra basta un botón... de orquídea.

Orquídea en el gentío

Bonito el color del pelo de esta señorita, bonito el olor
a abeja de su zumbido, bonita la calle,
bonitos los pies de lujo bajo los dos
zapatos áureos, bonito el maquillaje
de las pestañas a las uñas, lo fluvial
de sus arterias espléndidas, bonita la physis
y la metaphysis de la ondulación, bonito el metro
setenta de la armazón, bonito el pacto
entre hueso y piel, bonito el volumen
de la madre que la urdió flexible y la
durmió esos nueve meses, bonito el ocio
animal que anda en ella.



Gonzalo Rojas

miércoles, 15 de junio de 2011

Historia abreviada de la literatura portátil

Si Tristan Tzara escribió la Historia portátil de la literatura abreviada, Enrique Vila-Matas escribió la Historia abreviada de la literatura portátil. No he leído la primera pero sí la segunda. La novela de Vila-Matas, una de las primeras de su carrera, es la puerta de entrada a toda su obra posterior. Ahí están presentes, quizá por primera vez, los hilos conductores del resto de su obra. Así me parece a mí, aprendiz de lector, opinionista contumaz. Leer esta historia abreviada me permitió entrar en contacto con mi Odradek, quien a su vez, bajo circunstancias propicias, puede cobrar forma de Golem y hasta de Bucaresti. Comprendí que, aunque de otra estirpe, yo también soy un portátil y que a pesar de saber que nunca seré admitido en el club, soy de todo corazón, un perfecto shandy.

martes, 31 de mayo de 2011

Ampliación del campo de batalla

Algunos seres humanos encuentran insoportable su tránsito por la vida. Esta es la tesis central del libro Ampliación del campo de batalla de Michel Houellebecq. Estos seres seguramente representan una anomalía genética. El ser humano promedio debe creer que es feliz y exitoso -o al menos aspirar a serlo- y crear descendencia con base en su equívoco. Así está garantizada la continuidad de la especie. Pero estos seres especiales, dotados de una lucidez extraordinaria, no soportan ver su propia vida cara a cara. Perciben que toda la vida se basa en un tonto juego de poder, dinero, miedo y sexo. Y no pueden pretender ser felices en semejante campo de batalla. Maupassant sabía que no había nada más; eso lo llevó a la locura.
A partir de la adolescencia entramos formalmente a este campo de batalla. Yo recuerdo bien mi entrada. La recuerdo como un salto a este río caudaloso de agua fría. Desde entonces no he dejado de mover brazos y piernas, y aunque cada vez más cansado y aterido por el frío, no logro ver todavía la otra orilla.

miércoles, 11 de mayo de 2011

De Edipo a Narciso

Hay algo de la ciencia del psicoanálisis que descubrí recientemente que no me gusta. Freud y otros estudiosos relacionan a la neurosis hipocondríaca con el narcisismo. Yo he sido por años un buen hipocondríaco pero jamás me había visto a mí mismo como un narcisista. He leído recientemente que el paciente hipocondríaco no sólo pone demasiada atención al más mínimo detalle del funcionamiento de su cuerpo sino que suele tener una personalidad centrada en sí mismo, se aisla de los demás, le gusta la intelectualidad y se comporta como un snob. No me gusta. Las verdades ofenden y yo me siento ofendido por verme retratado en esa definición. Ahora no sólo tengo que cargar con el estigma de ser un hipocondríaco sino también vivir con la sombra, con el reflejo en el agua, del guapo Narciso. Salgo de un griego y caigo en otro; joder.

jueves, 7 de abril de 2011

El Bestiario de Cortázar

En verdad os digo que al caminar por los pasillos de la torre de Babel en la que habito, escuché una voz que me llamaba "tolle, lege; tolle lege". Cual moderno San Agustín me acerqué al lugar de donde provenía dicha voz y he aquí que encontré una mesa con libros usados a la venta. La encargada sostenía en sus manos un libro, el cual me ofrecía mientras me acercaba. Tomé el libro de sus manos y escuché que platicaba con su compañera de faena de una tal Tongolele. Al examinar el libro, éste resultó ser el Bestiario de Julio Cortázar. Un minuto después, por menos de un dólar, me había hecho de un libro imprescindible. En este magnífico libro de relatos encontré verdaderas joyas de la literatura como Casa tomada y Carta a una señorita en París. En este último relato, el protagonista escribe preocupado a su casera porque el lugar que renta se está llenando de conejitos. No es un reclamo, es más bien una disculpa, porque el origen de dichos conejitos, la mayoría blancos, es él mismo. Este vecino de la calle Suipacha de vez en cuando vomita un conejito. "...esta carta se la envío a causa de los conejitos, me parece justo enterarla; y porque me gusta escribir cartas, y tal vez porque llueve. ...Nunca se lo había explicado antes, no crea que por deslealtad, pero naturalmente uno no va a ponerse a explicarle a la gente que de cuando en cuando vomita un conejito". Tolle, lege.

jueves, 31 de marzo de 2011

Consecuencias

Desde que leí El viajero del siglo, de Andrés Neuman, toda mujer con un libro en la mano me resulta terriblemente sexy. Un efecto más de la buena literatura.

lunes, 28 de marzo de 2011

El viajero del siglo

La luna se me acercó como pocas veces mientras leía El viajero del siglo, de Andrés Neuman. No sólo eso, mientras leía esta novela perdí a un buen amigo, me enamoré dos veces, terminó el invierno, empezó una guerra. Mientras leía la obra de Andrés Neuman, en el país del sol naciente el suelo y el mar se estremecieron y un millón de asustadas ballenas aletearon con dirección al pueblo que las persigue y las mata desde hace siglos. Mientras conocía a los personajes entrañables de esta novela, como el viejo organillero, que me recordó a Platón, la vida parece haberse acelerado y las cosas y las personas que definían mi vida ya no están donde solían estar, como si todas ellas hubieran montado en su propia placa tectónica y se desplazaran al capricho de fuerzas ocultas. Supongo que todos estos son efectos, algunos de ellos no deseados, de la buena literatura. Quizá por ello tanta gente se resiste a empezar una gran novela como El viajero del siglo. Cobardes.

martes, 1 de marzo de 2011

Los demasiados viajes

Soy un viajero frecuente. No hay nada glamuroso en ello. Mis viajes transcurren por tierra y, por tanto, no frecuento elegantes aeropuertos internacionales poblados de gente cosmopolita, sino grises estaciones de autobús llenas de resignados oficinistas y migrantes melancólicos. Tengo un problema con estos viajes. Son ellos, los viajes rutinarios, los que alimentan mi intolerancia y mi neurosis. Odio al predicador de banqueta que me entrega un papel y me hace saber, a gritos, que Jesús me ama, con la actitud de quien hace un reclamo, no de quien anuncia una buena nueva. Odio a la señora gorda que ¡por supuesto! en un autobús con 44 lugares compra exactamente el lugar que va a mi lado. Debe ser una prueba más de que Jesús me ama. Odio sus 150 kilos de peso, odio el que no deje de comer desde que, con mucha dificultad, se acomodó en su asiento, junto a mí. Tengo miedo de que al terminar su vasto arsenal de alimentos empiece a comerme a mí. De hecho, por varios minutos me observa descaradamente. Estoy seguro que se pregunta si tendré buen sabor. Junto a ella me veo idéntico al pequeño hombre del subterráneo de la caricatura de Quino. Odio al niño de brazos que llora todo el camino. Odio este trayecto de casi tres horas en una posición incómoda gracias a que la gorda ocupa un asiento y medio. Odio la espera de veinte minutos para que me entreguen mi equipaje. Toda esta gente viaja llena de maletas, las cuales son de un volumen y un peso que apenas pueden arrastrar. Odio a este gente que parece que se muda de casa cada vez que se sube al autobús. La estupidez humana se mide por el número de maletas con las que se viaja. Yo viajo con una sola maleta, soy un estúpido promedio. Pero esta gente ¿qué piensa esta gente? Mi neurosis, mi intolerancia hacia el prójimo, esas sí están peligrosamente por encima de promedio... y estos viajes que no cesan.

lunes, 28 de febrero de 2011

En blanco

Debo hacer un esfuerzo y escribir; escribir todos los días de ser posible. Siempre he pregonado que la práctica hace al maestro, así que a predicar con el ejemplo. Los seres humanos sin talento debemos cambiar inspiración por transpiración. Así contribuimos a la grandeza de los escritores con talento. De otro modo ¿cómo podría alguien distinguir a un buen escritor si no es leyendo a un mal escritor? Como el color negro hace posible al blanco, mi necedad por escribir hace más grandes a los grandes. No es del todo inútil este esfuerzo. Una vez convencido, todo lo que me hace falta es un tema interesante para desarrollar. Podría escribir sobre la entrega de los premios de la academia, los Oscar. Pero no, no he visto una sola película que haya estado nominada o haya ganado un premio este año. Podría escribir sobre un buen libro, alguna lectura reciente. Pero estoy tan atrasado en mis lecturas, mi estado de ánimo no me ha permitido abrir un libro. Otro día. Ya escribiré algo interesante otro día. Quizá otro día.

lunes, 21 de febrero de 2011

La multitud errante

Tengo la impresión de que en Colombia se habla y se escribe el mejor idioma castellano del planeta. Sobra decir que no soy experto en la materia. Es sólo una impresión subjetiva. Quizá sea porque cuando leo a escritores colombianos me doy cuenta de que, además del talento individual que cada uno posee, todos han mamado de la mejor veta del idioma. Es un deleite leer a todos ellos. Quien piense que la literatura colombiana empieza o termina en el Gabo se está perdiendo de autores del mismo nivel de García Márquez. Laura Restrepo es un buen ejemplo. Su prosa es un deleite. Quisiera poder decir mucho más respecto a lo placentero que es leer a Laura, pero no tengo las herramientas. Apenas soy un aprendiz de lector a quien le gusta recomendar sus pocos pero doctos libros. Un caminante más con su carga a cuestas, sin rumbo fijo y en busca de sus propios fantasmas. Un caminante más de la multitud errante.

viernes, 18 de febrero de 2011

La Bohemia

El orientador vocacional de mi colegio vaticinó hace muchos años con voz atronadora... "López Calva, usted es un bohemio". Como si a esta sentencia le hiciera falta algo, unos años después me topé con una gitana, a la que le mostré la palma de la mano para que dejara de joder, y que, a cambio de unas monedas, leyó que siempre estaría "corto de dinero". Con este par de advertencias nadie puede llamarse sorprendido ante el fracaso. Estaba previsto sino por mí al menos para quienes se topaban conmigo. Y sí, supongo que hay elementos en mí de un bohemio, pero como dice Pessoa en el Libro del desasosiego "no he tenido la compensación del espíritu bohemio: el desnudo fácil de las emociones inmediatas". Bohemio improbable, fallido, de bolsillos vacíos.

jueves, 10 de febrero de 2011

El arte de desaparecer

Ten cuidado con lo que deseas porque se te puede conceder. Esto lo había escuchado y leído muchas veces. Es casi un lugar común. Nunca le presté mucha atención. Sin embargo, de unos días a la fecha, la frase suena y resuena dentro de mí; vamos, que se ha convertido en tortura. Y es que llevo años deseando una oportunidad como la del doctor Passavento. Me he dedicado a la lectura de autores como Salinger y Walser. Incluso he intentado copiar, sin mucho éxito, debo decir, al escribiente Bartleby. Preferiría no hacerlo.
De unos días a la fecha he visto como mis correos electrónicos quedan sin respuesta. Las pocas órdenes que doy, a la escasa gente que me rodea, quedan sin ejecutarse. En la calle nadie parece notar mi presencia. Incluso he estado tentado a provocar un choque con otro transeúnte, sólo para comprobar que no soy un ente etéreo. Y este inútil pasatiempo, esta irrefrenable manía por escribir con letra cada vez más pequeña en un blog que nadie lee.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Jirones

He pasado últimamente demasiadas horas en asuntos banales. Seguramente a esto se debe la leve náusea que siento en estos momentos. He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer, dice el maestro Borges en su poema. A diferencia del sabio argentino, mi mente no se ha aplicado al arte sino a la comunicación a través de las redes sociales, que igualmente entreteje naderías. No he sido feliz; en esta ciudad tan alejada de la mía hoy desperté llorando sin saber por qué pero con la sospecha que se trata de esto. De la banalidad como forma de vida. Será mejor volver a mis libros; menos face y más book, como reza la publicidad de una librería. Este fin de semana he comprado un par de libros. Una novela de Andrés Newman y otra más de Laura Restrepo a quien ya conocí en Delirio. Tan sólo la perspectiva de su próxima lectura me entusiasma. Retirado en la paz de estos desiertos llevaré a cabo el ritual de escuchar con mis ojos a los vivos y a los muertos.