jueves, 7 de abril de 2011

El Bestiario de Cortázar

En verdad os digo que al caminar por los pasillos de la torre de Babel en la que habito, escuché una voz que me llamaba "tolle, lege; tolle lege". Cual moderno San Agustín me acerqué al lugar de donde provenía dicha voz y he aquí que encontré una mesa con libros usados a la venta. La encargada sostenía en sus manos un libro, el cual me ofrecía mientras me acercaba. Tomé el libro de sus manos y escuché que platicaba con su compañera de faena de una tal Tongolele. Al examinar el libro, éste resultó ser el Bestiario de Julio Cortázar. Un minuto después, por menos de un dólar, me había hecho de un libro imprescindible. En este magnífico libro de relatos encontré verdaderas joyas de la literatura como Casa tomada y Carta a una señorita en París. En este último relato, el protagonista escribe preocupado a su casera porque el lugar que renta se está llenando de conejitos. No es un reclamo, es más bien una disculpa, porque el origen de dichos conejitos, la mayoría blancos, es él mismo. Este vecino de la calle Suipacha de vez en cuando vomita un conejito. "...esta carta se la envío a causa de los conejitos, me parece justo enterarla; y porque me gusta escribir cartas, y tal vez porque llueve. ...Nunca se lo había explicado antes, no crea que por deslealtad, pero naturalmente uno no va a ponerse a explicarle a la gente que de cuando en cuando vomita un conejito". Tolle, lege.

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