miércoles, 8 de febrero de 2012

El arte de la fuga

Soy un lector tardío y como tal llegué a destiempo a la obra de Sergio Pitol, como he llegado tarde a casi todos los grandes escritores. Al leer "El arte de la fuga", "El viaje" y la novela "Domar a la divina garza", me he topado con un sentimiento común, con una pregunta que me ha perseguido; ¿Cómo fue posible que este autor permaneciera oculto para mí todos estos años? Leerle ha sido también una experiencia de reencuentro con otros autores, lo cual es normal. Pitol ha sido un escritor de cuya obra han abrevado otros autores, así como él mismo se ha nutrido de tantos clásicos.
Mi paisano Pitol presenció a muy temprana edad, la muerte de su propia madre. Una tragedia, una muerte que marcó su vida. Sin ser consciente de ello, Pitol empezó a temprana edad la fuga con la que pretendía huir de ese dolor. La fuga de sí mismo. La fuga que lo llevó a varios países de Europa y Asia, sobreviviendo apenas con lo básico, pero que eventualmente lo convirtió en un estudioso y traductor de la literatura europea y, de paso, en un escritor indispensable en cualquier biblioteca. Una fuga dedicada al arte.


"Un novelista es alguien que oye voces a través de las voces. Se mete en la cama y de pronto esas voces le obligan a levantarse, a buscar una hoja de papel y escribir tres o cuatro líneas, o tan sólo un par de adjetivos o el nombre de una planta. Esas características; y unas cuantas más, hacen que su vida mantenga una notable semejanza con la de los dementes, lo que para nada lo angustia; agradece, por el contrario, a las Musas, el haberle transmitido esas voces sin las cuales se sentiría perdido. Con ellas va trazando el mapa de su vida. Sabe que cuando ya no pueda hacerlo le llegará la muerte... ".

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