El infierno son los otros. Ahí, en la otredad, radica el mal, nuestra perdición, el peor de los castigos y la más horrible de las muertes que hayamos podido imaginar. Una idea parecida a esa, y otras más, he leído en Lejos de Veracruz. Tierra de mis ancestros del lado materno, Veracruz; rinconcito donde hacen su nido las golfas del bar. Hasta sus playas lejanas, probablemente, nunca más he de volver.
Eso lo decía Sartre.
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